José Bono, vestido de Napoleón, con el corazón de un mosso d'esquadra en la mano
Don José Bono y Juan Carlos Rodríguez Ibarra. El ministro de defensa y el presidente de la Junta de Extremadura. El uno vestido de Conde Duque de Olivares y el otro disfrazado de arzobispo de España. Juntos, liderarán los tercios de la legión a la batalla de Catalunya.
Varios pastores trashumantes de los Pirineos afirman que el monte está lleno de cabras amaestradas. Son el grupo de exploradores de la Brigada Alfonso de XIII de la legión española. Tropas de élite expertas en el reconocimiento del territorio enemigo. Buscan sendas y pasos. Preparan el terreno a las fuerzas de intervención rápida y violan a las ovejas que encuentran a su paso.
Un inusual incremento en el turismo de borrachera, el aumento en la facturación de los peajes y la pertinaz sequía insinúan movimientos de tropas en la retaguardia. Disfrazados de recolectores de setas o cazadores de jabalíes, los Mossos de Esquadra patrullan los bosques y toman posiciones. Al alba, la brisa anticipa el dulce olor de las castañas.
Los señores de la guerra españoles quieren la operación que sea impecable y rebose talante. Golpes certeros y precisos que cercenen la capacidad operativa y organizativa de los insurgentes. Sin sangre, sin piedad.
Letizia Ortiz, mirando fijamente al amable lector que se pregunta qué pinta esta foto en esta noticia
Pero los indígenas también se preparan. En cada pico del Pirineo Catalán colocaran un tamborilero y cuando se acerquen los invasores, despertarán en un estruendo reverberante que derribará barracas y templos. Y entonces recordaremos a Don Augusto de Altozanos y diremos:
“Escuchad el rugido de la revolución.
El pueblo se levantó sobre el reino en donde vivía Pascual .
Y el pueblo es la primitividad de la fuerza y la fuente de la vida, porque en él hay el eterno renacer y el nunca cansarse. En aquel tiempo las gentes se levantaron contra los privilegiados.
Porque los ministros habían fomentado la luz en los hombres por vanidad de palabras.
Y los hombres tomaban la luz, no porque venía de los ministros, sino porque era luz.
Porque, ¿quién sabe de dónde vendrán los resplandores?”