Manuel Fraga, Presidente de la Comunidad Autónoma de Galicia hasta que la Parca lo remedie y Ministro de Franco Por la gracia de Dios
Ayer por la tarde, Don Manuel Fraga Iribarne, Presidente de la Comunidad Autónoma de Galicia hasta que la Parca lo remedie y Ministro de Franco Por la gracia de Dios, demostró una vez más su espíritu solidario al ofrecer su ayuda a los vecinos del malparado barrio barcelonés de El Carmel. Fraga abrió las puertas a los damnificados del hundimiento de la línea 9 del metro para que entren a formar parte de la industria que más ha beneficiado la economía gallega desde que él ostenta el cargo presidencial: el tráfico de estupefacientes por tierra, mar y aire.
A cambio de un mísero tres por ciento de comisión, los afectados barceloneses que se apunten a la iniciativa ganarán grandes cantidades de dinero que podrán invertir en la industria de la moda, la alimentación o en el siempre popular negocio futbolístico, que tantas alegrías ha proporcionado a las buenas gentes de Vigo y La Coruña. Para ello sólo deberán ofrecer su aparato digestivo o el recto, a modo de culo-mochila, donde tendrán que introducirse entre veinte y cincuenta inocuas bolsitas de cocaína, heroína y otras materias de uso común y corriente en el mundo del espectáculo, los negocios y las altas finanzas.
Además, por intercesión de una cadena de hoteles de aquella Comunidad Autónoma, los interesados recibirán un billete de avión, de ida y vuelta, a Colombia, México o Perú. Un chollo en toda regla, si tenemos en cuenta que ninguna de estas ganancias deberán ser declaradas ante la Agencia Tributaria, al menos durante el mandato del actual gobierno socialista.
Fraga, justo antes de ponerse a funcionar a toda máquina
A pesar de todo, Don Manuel Fraga ha querido quitarle importancia a este gran gesto de generosidad. Según él, esta oferta de empleo significa solamente la devolución de la enorme solidaridad demostrada por el pueblo catalán tras la “pequeña catástrofe” del Prestige. “Galicia no olvida”, afirma, “y nada me hará tan feliz como permitir la entrada en de los damnificados del Carmelo en el mercado del polvo blanco, que tanta dicha y votos me proporciona y que, sin duda, junto a mi ecuanimidad, la justicia divina y la Transición, es la mayor responsable de que yo todavía funcione a toda máquina”.