Después de desprestigiar e invalidar el uso del condón y los demás métodos anticonceptivos, la Iglesia Católica Apostólica y Romana ha puesto en marcha una nueva campaña para popularizar lo que sus mandatarios consideran las fórmulas más puras y seguras para practicar las relaciones sexuales.
El Cardenal Palermo, portavoz de la Conferencia Episcopal Española ha sido el encargado de publicitar las conclusiones de este estudio escatológico. “Después de haber reunido a veinticinco novicias vírgenes, quince monjas, nueve frailes y ocho obispos en un castillo, propiedad de Su Santidad el Papa, situado a las afueras de Salò, hemos comprobado las maneras más castas y sacras de experimentar el goce erótico. Por supuesto, descartamos todo contacto entre los sexos y aborrecemos el empleo de cualquier método contraceptivo, ya sea físico o químico. Por eso, en nombre de la Santa Madre Iglesia, confirmo que la única relación sexual que nuestro dogma acepta es aquella que cualquier hombre o mujer mantenga con un crucifijo, rosario o imagen de la Santísima Virgen María”.
Para demostrarlo, el Cardenal Palermo puso en práctica alguna de estas actividades. Enseguida le siguieron dos jovencísimas novicias pertenecientes a la Sagrada Hermandad del Santo Prepucio de Cristo. La primera, Sor Irina, se dio placer con un crucifijo blanco y la otra, Sor Loyola, con varios utensilios eucarísticos.
Mientras alcanzaba el éxtasis, Sor Irina exclamó: “Nosotras sólo nos introducimos en el cuerpo cosas puras, como este madero que simboliza el sacrificio y la pasión de nuestro señor. No somos como esos viciosos invertidos y africanos, que cohabitan y encima pretenden que les proporcionen gomas del pecado y antibióticos para curarles de esa enfermedad lujuriosa”.
Sor Irina practicando el sexo puro y seguro tal y como lo manda la Santa Madre glesia
Sor Loyola, después de jugar con el rosario y dirigir unas palabras de agradecimiento a la Madre de Dios, exigió “que ningún adolescente se entregue a feas relaciones prematrimoniales que le enviarán al infierno. En cada parroquia y en todos los centros de enseñanza del Opus Dei les proporcionaremos cruces, calices y demás útiles sacramentales, puros y castos con los que podrán apagar sus fulgores sin caer en el pecado”.
Al ser cuestionados sobre los millones de personas que padecen y perecen como consecuencia de la mala educación sexual y la deficiente política sanitaria contaminada por los discursos reaccionarios del Vaticano, el Cardenal y sus dos amiguitas miraron hacia otro lado y se les oyó susurrar: “Dios castigó a Sodoma y Gomorra. Algo habrán hecho”.