Al mismo tiempo que John Kerry reconocía la derrota y felicitaba al presidente electo Bush, se ha sabido que el voto inesperado de millones de ciudadanos muertos ha sido el que finalmente ha decantado la balanza. La simpatía que despierta Bush entre el colectivo de los muertos vivientes es tal que hasta los antepasados de John F. Kerry han depositado su voto por George Bush. Kerry dice sentirse muy desgraciado.
"La verdadera América, los cimientos sobre los que pisamos, ha querido que yo sea presidente". Así de ufano se expresaba George Bush tras saber que nueve millones de muertos vivientes se habían levantado de sus tumbas para disfrutar de la festividad de Todos los Santos y le habían votado.
La jugada todavía no ha sido analizada por los politógos, aunque parece ser que ayer se levantaron de sus tumbas unos nueve millones de muertos para ir a votar, aprovechando la resaca de Halloween. Esos nueve millones de votantes registrados o no (el registro no impide el voto en EEUU), incluyen a todos los familiares de Kerry. Bartholomew Kerry, tatarabuelo de John Kerry, miembro de la secta Skull and Bones y fallecido por la gracia de Dios en 1910, afirma que Bush es “el único que nos asegura sangre fresca en los nichos colindantes y noches de Halloween llenas de amor, que en los tiempos que corren, no es poco”.
Bush, después de olfatear el dulce aroma de la victoria
La más que posible política de “no agresión inútil” y “no desperdicio de la vida” que proponía Kerry ha llevado a este importante sector del electorado a acudir masivamente a las urnas porque, según Ronald Reagan, votante muerto también, “esto nos podría llevar a un enfriamiento del mercado cementerio debido a la infrautilización de las tumbas”.
Cabe destacar que la decepción de Kerry es sin duda mayor, en cuanto él mismo fue representante en su momento de la comunidad finada, pues destacó allá por los 60 en el papel televisivo de Herman Munster, un muerto que vivia en el mundo de los vivos y que tuvo gran aceptación entre los zombies y los muertos vivientes. Por otra parte, Kerry también confiaba en el voto de la clase media norteamericana, que se encuentra adolecida en su totalidad de muerte cerebral. Pero ni su popularidad post-mortem ha podido con las plantaciones de tomates de Bush ni con las promesas de mausoleos para todos.
Bush volverá a gobernar a sus muertos cuatro años más y Kerry descansará en paz de la política. La democracia es sabia ¿Alguien da más?