No se nota, no se mueve, no traspasa. Siéntase límpia, segura e indivisible con la última novedad en compresas. Aptas para todas las constituciones. CLAVE: ESTATUT.
Bin Laden, Carod Rovira, ZP y Otegui (de pie, detrás de Carod) en el fotomontaje de portada de El Mundo, que utiliza la foto de la Conferencia de Yalta para sustituir con cierta sorna a Stalin por ZP
Un nuevo informe ultra secreto del CNI filtrado a El Mundo por una fuente anónima con bigote demuestra que Al Qaeda, ETA y el PSOE planeaban destruir la unidad de España con la colaboración de los supervillanos Arnaldo Otegui y Carod Rovira. El catalán era el encargado de dar la señal del inicio del golpe de Estado tanto a las hordas terroristas vascas, que debían marchar sobre Madrid, como a los comandos saboteadores rojos, encargados de sembrar el caos en las grandes ciudades para despistar al ejército. Todo ello después de que Al Qaeda hubiera puesto en jaque al Gobierno del PP con los atentados del 11M en Atocha.
El plan, que fue ultimado en la famosa entrevista secreta entre Carod Rovira y Bin Laden en las playas naturistas del Cabo de Gata, consistía en una conjura entre radicales islámicos, vascos, catalanes y rojos para romper la unidad de España y repartírsela a trocitos. De este modo, Bin Laden se convertiría en Califa de Al Andalus, Otegui en Rey de Navarra y Euskalerría, Carod Rovira en conde-rey de la Corona catalano-aragonesa y ZP en Anticristo de la Santa Inquisición de Castilla la Ancha.
Siempre según el citado informe, la llamada de Carod Rovira a Otegui durante la jornada de reflexión era la señal convenida para dar inicio al golpe. Tras colgar, Otegui movilizó a más de medio millón de aizkolaris (guerreros con hacha), pelotaris (lanzadores de pelotas vascas), harrijasotzeas (levantadores de piedras), gurdi altxatzeas (arrastradores de carretas) y esne ontzi garritzeas (los más peligrosos: tiradores de bidones de leche). En apenas unas horas, este feroz ejército terrorista vasco que permanecía escondido en remotos caseríos se reunió en los valles de Guipúzcoa e inició una marcha secreta y alevosa sobre Madrid.
Paralelamente, y después de otra llamada de Carod a Pasqual Maragall y de éste a Rubalcaba, los rojos tomaban las calles en la capital de España, Barcelona, Valencia, Bilbao, Córdoba, San Jaume d'Enveja y otras grandes urbes para sembrar el caos y llamar la atención de las fuerzas de seguridad del Estado en una maniobra de distracción.
Carod Rovira, con uno de los disfraces con que da esquinazo al CNI, señala con gesto burlón a Otegui la cámara de los Servicios de Inteligencia españoles
El Plan fracasó la noche del 14M, tras la inesperada victoria de los socialistas. “Roma no paga a traidores”, asegura el informe que dijo Zapatero a José Blanco, que levantó el teléfono rojo para dar las ordenes pertinentes y traicionar a los susodichos traidores. Al otro lado del auricular estaba la mafia rusa, que detuvo el avance del ejército de aizkolaris mediante una fuerza de choque bolchevique armada hasta los dientes que los esperó atrincherada en la Sierra de Madrid. A cambio, Zapatero otorgó a los rusos la licencia de explotación en régimen de monopolio para todo el territorio español de los negocios de la prostitución de lujo, el robo a mano armada en Las Rozas y la especulación immobiliaria en todas las ciudades, pueblos y villas del reino que posean más de 50.000 habitantes o menos de 49.999.
A pesar de lo delirante y harto senil que resulta el informe del CNI, la fuente anónima con bigote responsable de la filtración ha reiterado sus argumentos desde Washington echando espumarajos por la boca y girando el bigote como la niña del exorcista: “Mire usted, los socialistas han vendido España a los terroristas de Al Qaeda, ETA, ERC y hasta a los franchutes de Chirac. Y eso lo saben ya todos los españoles, como saben muy bien que ZP es un comeniños y además quería defender a su amigo asesino Sadam Hussein”. Mientrastanto, el presunto líder del PP, Mariano Rajoy, sigue sin decir esta boca es mía desde el club nocturno de Santa Pola donde permanece secuestrado y humillado por delante y por detrás por parte de los dos centuriones que a tal fin dejó encargados Aznar, los exministros Acebes y Zaplana, mientras él ultima con Bush los detalles de la reconquista de España por parte de tropas americanas.